Esta práctica desleal que se registra a nivel mundial, afecta el desarrollo y rentabilidad de empresas de toda índole inhibiendo la competitividad.

La piratería es un problema que ataca a todas las industrias –sin importar el ramo al que pertenezcan– provocando millonarios daños a su infraestructura y rentabilidad.

Como consecuencia de esta práctica ilegal, empresas, organizaciones y agrupaciones de todo tipo cierran filas para atacarla. Tal es el caso de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos (AmCham) y la CACP (Coalition Against Counterfeiting and Piracy). Ambas organizaciones elaboraron en conjunto una guía que incluye recomendaciones orientadas a evitar que se comercialicen productos pirata en la cadena de suministro a fin de proteger a los negocios, a los consumidores y sobre todo, la integridad de las marcas. Dicho documento muestra estrategias que han sido probadas exitosamente en diferentes compañías para proteger sus productos de la falsificación y de la moderna piratería.

El consumidor final, el más afectado

En el argot de la falsificación, se manejan dos términos cuya diferencia entre sí y es importante distinguir. Se le denomina clon a aquel producto al que no se puede diferenciar a simple vista del original, ya que el empaque así como los colores, código y sellos de garantía, es idéntico. En cambio, un artículo pirata es una mala copia del original.

Estos productos afectan tanto a la marca como a las empresas filiales fuera del país de origen. Sin embargo, esto es quizá lo menos importante, ya que el verdadero impacto se da en la seguridad e integridad del consumidor.

Ante este escenario, los gobiernos juegan un papel fundamental en el combate a la piratería. Su obligación es crear la infraestructura legal adecuada para proteger la propiedad intelectual y a las marcas registradas, así como detener el comportamiento fraudulento.

Por su parte, los grandes corporativos han creado mecanismos de control para asegurar su cadena de suministro. Empero la globalización, el Internet y los avances tecnológicos, han facilitado la introducción de productos falsos en la cadena de suministro.

Efectos en el mercado de repuestos

Debido a los efectos de esta actividad en la seguridad del consumidor, la industria de autopartes participa de manera activa en el combate a la falsificación y la piratería. En el mercado de repuestos se mueven anualmente millones de dólares en productos que “parecen” originales poniendo en riesgo a los operadores con artículos de poca durabilidad, pobre desempeño y mala calidad. La sofisticación que han alcanzado los falsificadores, ha llegado a niveles en los que resulta realmente complicado diferenciar la copia del original.

De cualquier forma, en términos de desempeño, calidad y costos reales, las diferencias son abismales. Más allá de la seguridad, los productos pirata minan el prestigio de la marca. Cuando los productos apócrifos se descomponen prematuramente, existe la percepción de que el supuesto artículo “original” no tuvo el desempeño esperado. Cabe destacar que en la mayoría de los casos, el cliente que adquiere este tipo de productos –no porque quiera ahorrarse unos cuantos pesos– frecuentemente descubre que es falso cuando realiza el reclamo ante el distribuidor.

Para combatir este fenómeno, las compañías han tomado medidas como incluir códigos de barras, hologramas, sellos de garantía, fondos de agua y características específicas en sus empaques. A pesar de ello, resulta difícil combatirlo, ya que muchas veces en los talleres y refaccionarias se entrega la mercancía sin la caja original, lo que dificulta distinguirla.

Comité antipiratería

En México, la American Chamber tiene un programa en el que participan representantes de más de dos mil empresas que sufren las consecuencias de la piratería (autopartes, musical, farmacéutica, software, entre otras). En los estudios realizados por la Cámara se estima que la violación de los Derechos de Propiedad Intelectual en nuestro país implica una evasión fiscal superior a los 125 mil millones de pesos y un daño a la industria con pérdidas que ascienden a casi 964,688 millones de pesos, específicamente en la de autopartes el impacto es de 27 millones de pesos.

Lo que sí queda claro es que la piratería repercute en los recursos de las empresas y de los gobiernos –que dejan de recaudar impuestos– y finalmente en el nivel de vida de los habitantes de una nación, porque se dejan de generar empleos.

Mejores prácticas en la cadena de suministro

De acuerdo con la AmCham y la CACP, estos son algunos aspectos que deben considerar las empresas para combatir la piratería:

1.- Entradas legítimas y seguras. Cerciorarse de que las materias primas y partes que las empresas adquieren son auténticas.

2.- Verificar la legitimidad de los clientes y distribuidores. Los falsificadores a menudo se hacen pasar por negociantes lícitos y buscan comprar productos originales para después mezclarlos con los falsos.

3.- Manejar correctamente los sobrantes de producción y el inventario dañado o inutilizable. Los piratas usualmente acuden a los depósitos de desperdicio para obtener mercancías desechadas por las fábricas.

4.- Asegurar la legitimidad de los productos adquiridos. Verificar la autenticidad del producto auditando los envíos.

5.- Monitorear la integridad de la marca. Mediante el registro de las marcas como lo establecen las leyes. Se puede incluso considerar el uso de tecnologías para brindar mayor seguridad a los productos.

6.- Trabajar conjuntamente con las autoridades para la aplicación de la ley y la creación de nuevas regulaciones.

Cómo evitar comprar un producto pirata

  1. Adquirir productos con distribuidores autorizados
  2. Exigir comprobante de compra, ya que sin éste no es posible hacer válida la garantía
  3. Exigir póliza de garantía y manual de usuario
  4. Verificar que el producto cuente con un número de serie, código de barras, etc.
  5. La forma más sencilla de diferenciar entre los productos legales y aquéllos de contrabando, clonados o pirata, es el costo; sospeche cuando hay una importante variación en el precio.

 

Sobre 

Comunicóloga especializada en medios impresos y electrónicos. Colaboradora en la revista Transportes y Turismo.