Jorge llega muy temprano para recoger al equipo de una escuela que jugará un torneo de basquetbol en Monterrey, Nuevo León; los jóvenes de secundaria esperan listos y emocionados, pues además será la revancha contra la misma escuela que se llevó el campeonato el año pasado.
El conductor del autobús de turismo se alista para la ruta que suele tomar poco más de media hora y, aunque tiene tiempo de sobra, prefiere apurar la marcha para conseguir un buen lugar de estacionamiento y, de paso, tener oportunidad de ver los partidos.
Le gusta el deporte, pero le gusta más apoyar a los jóvenes, pues ya con ésta es la cuarta vez que le toca llevarlos al torneo y hasta amigos ya se hicieron, sobre todo de los entrenadores y algunos padres de familia que se van hasta delante con él para hacerle la plática.
Sabe que para abril entrarán las nuevas restricciones de horario para los vehículos de carga, ya que sus primos y algunos colegas que manejan tractocamión sacaron el tema hace unos días, pero él, por suerte o casualidad, es conductor de autobús.
Justo cuando va saliendo de Santa Catarina, apenas unos metros antes, una patrulla de Tránsito le hace señales para que se orille y se detenga; él hace caso y se detiene unos metros adelante: como marca el protocolo, avisa al responsable de los jóvenes lo que está sucediendo y baja del autobús.
Cuando desciende y se acerca a los dos uniformados, uno de éstos le dice que no puede circular por ahí a esa hora, le pregunta que si a poco no sabía de las restricciones.
-No, pues claro que sí, oficial, pero esas son para los vehículos de carga y tengo entendido que empezarán en abril, y para eso todavía faltan tres días.
-No, pues parece que no le avisaron bien. También incluye autobuses y todo tipo de camiones.
-No sea malo, déjeme le llamo a la empresa, para que vea que sí es como yo digo; traigo a un equipo de basquetbol de secundaria y vamos para Monterrey. Ellos deben llegar.
-Pues llámele, pero como no trae permiso, debo llamar a la grúa.
Jorge llama a su empresa, que está en Monterrey, y les cuenta lo sucedido. El tema llega rápido al dueño y éste manda rápido al representante legal para auxiliar al operador, y también manda dos vanes que andan por ahí cerca para que lleve a los jóvenes al torneo.
Justo cuando llegan los refuerzos, ya está ahí la grúa. Los uniformados vuelven a explicar y a pesar de que el representante de la empresa les muestra el anuncio oficial, en el que se especifica que son vehículos de carga, los oficiales no cambian el discurso y establecen la cifra: son 6 mil pesos de la multa y lo que les cobre la grúa. O se llevan el bus al corralón.
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Comienza el estira y afloja, hasta que el dueño de la empresa da la indicación de pagar, pues sabe que si se llevan la unidad será más caro. En total fueron 16 mil pesos, pues la grúa les cobró 10 mil, “por las molestias”.
Ahora se enfocarán en tramitar una queja o un amparo, pero mientras, Jorge se sube al bus para alcanzar a los muchachos y continuar, al igual que nosotros, Al Lado del Camino.
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