Jesús termina de supervisar la carga y cierra el remolque. Sube a su tracto, agradece al guardia de la puerta y sale ligero, aunque pesado: añora tanto su casa y ve tan cerca su regreso que se motiva para terminar este último viaje antes de volver.

Este flete es de Monterrey para San Luis Potosí, y de ahí ya podrá volver a su casa, en Querétaro, tras seis meses de ausencia. No es un mártir, lo sabe, pues en la empresa siempre les preguntaron sobre la disponibilidad y qué plan les quedaba mejor. 

Hay colegas que trabajan una semana y descansan tres días; otros que están fuera un mes y se quedan en casa otras dos semanas. En fin, las alternativas son varias y, en el caso de Jesús, en esta ocasión le ofrecieron un plan con buenas recompensas.

Al principio le sonó fácil y pensó que con este dinero podría juntar para construir el segundo piso de su casa. “Es un sacrificio que vale la pena”, pensó. 

Ahora va de camino hacia el Bajío. Todo el tiempo ha estado en contacto con su esposa y con sus hijos, con su madre y algunos amigos. Tendrá un mes de descanso y quiere, primero, dormir mucho. 

Ya después se pondrá a trabajar en la obra de su casa, pero con su mejor compañía, con los alimentos a sus tiempos, llevando a los niños a la escuela, viendo la televisión sin estar pendiente del teléfono. Se frota las manos. 

Es curioso que Jesús piense que este viaje es un mero requisito. Es decir, siempre anota algo particular de cada trayecto. Algo para recordar, una fotografía, una comida, alguna plática o quizá algo que vio o pensó en la carretera. 

Pero esta vez es distinto. Si bien su atención está en el camino, su deseo vuela hasta su casa y quiere que el tiempo avance más rápido. Entrega la carga, se reporta en la empresa, justo antes de llegar y dejar la unidad, que también descansará un poco mientras le realizan el mantenimiento.

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Uno de sus colegas ya le había dicho que podía esperarlo para darle un aventón y acercarlo a su casa. Aunque tiene sueño y podría dormir esas dos o tres horas de viaje, mejor le llama a su esposa para decirle que ya va para allá. 

El colega está contento por él, pues también le ha tocado estar fuera de casa mucho tiempo. De eso platican el resto del camino, de lo matado y sacrificado este trabajo, pero ambos coinciden en que si pudieran elegir, escogerían otra vez ser operadores. 

El tractocamión se pierde en el camino, mientras ellos sigue, al igual que nosotros, Al Lado del Camino. 

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